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Sobre Genes, Memes, Religión y Política

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Sobre Genes, Memes, Religión y Política

El permanente conflicto entre  los instintos y la razón

Por Patricia Barba Avila

Introducción

Hace poco,  mientras continuaba con la traducción del interesante libro The Defense Speaks for History and the Future: Opening Defense Statement at The Hague by President of Yugoslavia Slobodan Milosevic,* una serie de reflexiones acudieron a mi mente, no sólo en relación con el tema mismo del libro, sino sobre las varias circunstancias y factores que han dado pie tanto al caso en cuestión como a otras miles de situaciones en las que la interacción humana ha mostrado todas sus facetas.

Es importante puntualizar que lo que me impulsó a plasmar mis pensamientos en el “cerebro” de mi PC, fue mi permanente interés en entender el por qué de nuestras reacciones y conductas en diferentes circunstancias, dada la preocupante tendencia que podemos advertir en varios países en lo que respecta al deterioro socioeconómico de las sociedades en el mundo y la dificultad de concretar medidas y estrategias que conduzcan a la consecución de una convivencia social más armónica y progresista.

He llegado a la conclusión de que mientras no comprendamos nuestra esencia como especie humana y, por ende, la génesis de nuestras reacciones y conductas, nos veremos imposibilitados a consolidar organizaciones que puedan generar acciones eficaces para lograr un verdadero cambio que nos lleve a la democracia y a la justicia social.

Asimismo, aclaro que al compartir con [potenciales] lectores estas reflexiones, la intención no es en absoluto, demostrar que tengo razón ni, mucho menos convencer a nadie.  Lo que me impulsa a escribir este ensayo es el generar una especie de debate epistolar-cibernético del cual puedan emerger distintos puntos de vista –posiblemente más lógicos e inteligentes—sobre temas que considero de gran relevancia para las sociedades en el mundo.

Ciertamente, mucho del [frecuentemente errático] comportamiento humano puede comprenderse mejor gracias a la lectura de varios libros y ensayos de autores tan distinguidos como el inolvidable humanista y científico Carl Sagan –famoso y admirado por su talento para facilitar la comprensión de complejidades científicas a los legos y neófitos –, como podemos apreciar en sus obras Shadows of Forgotten Ancestors1 (Vestigios de Ancestros Olvidados), The Dragons of Eden2 (Los Dragones del Edén), The Demon-Haunted World3 (El Mundo y sus Demonios). Igualmente ilustrativas son las obras de otros brillantes popularizadores de la ciencia como el biólogo evolucionista Richard Dawkins y sus espléndidos libros The Selfish Gene4 (El gen egoísta) y Unweaving the Rainbow5 (Descrifrando el arcoiris), junto con la deslumbrante obra de Jared Diamond, Guns, Germs, and Steel6 (Arcabuces, Gérmenes y Acero), y la no menos espléndida E=mc2: Biography of the World’s Most Famous Equation7 (E=mc2: Biografía de la Ecuación más Famosa del Mundo) del gran periodista de ciencias David Bodanis, entre muchos otros.

*”Habla la Defensa para la Historia y el Futuro”: Discurso con el que el Presidente Slobodan Milosevic inició su defensa ante el Tribunal contra crímenes en Yugoslavia.

En las páginas siguientes me ocuparé de compartir con ustedes algunas de esas tantas reflexiones que me surgieron mientras traducía la autodefensa del recientemente fallecido [¿asesinado?] y otrora Presidente del territorio que solíamos llamar Yugoslavia, Slobodan Milosevic.

Los genes VS los memes

Tengo entendido que fue Richard Dawkins8 el que acuñó el término “meme” para referirse a la unidad evolutiva del proceso mental  humano [espero no estar equivocada en mi interpretación del “meme”, porque, al traducir, el lenguaje suele jugar ocasionalmente con nuestro intelecto].  Aparentemente, Dawkins acuñó este término para definir el  equivalente mental del gen en lo que vendría a ser la constante lucha que tiene lugar en la mente, entre la compleja vastedad  de pensamientos, de los cuales los más persistentes son los que prevalecen, desbancando a otros que compiten contra ellos…diríamos que aquí también tiene lugar un proceso de selección natural [ “la ley del [meme] más fuerte”] en el proceso evolutivo de la espiritualidad/intelectualidad.

Se ha teorizado mucho sobre el importante papel de nuestros genes en el largo y azaroso camino que los seres vivos han tenido que recorrer para dar lugar a las especies que actualmente existimos en el planeta.  En el muy particular caso de nosotros –los primates que evolucionamos en especie humana– los genes, que solían contener toda la memoria indispensable para  desenvolvernos y continuar ganando la batalla contra las agresiones del medio ambiente, se vieron finalmente enfrentados con el hecho de que el entorno cambiaba mucho más violenta y aceleradamente que la capacidad de adaptación (evolución) de las hasta entonces existentes entidades generadas por ellos para perpetuarse.

Aparentemente, tal circunstancia forzó a los genes a “diseñar”9 sistemas y órganos más eficientes y con mayor capacidad de memoria que hiciera aún más viable la tarea de continuar existiendo en medio de condiciones ambientales duras y agresivas. Y entre los maravillosos y complicados sistemas que fueron diseñando a lo largo de milenios, hay uno que se distingue por ser el encargado de controlar a todos los demás órganos que conforman el cuerpo humano (y el de otros primates): la sofisticada “computadora” llamada cerebro, que con toda su complejidad y elegancia, todo parece indicar que todavía no concluye su proceso evolutivo, pues de lo contrario, no estarían nuestras sociedades inmersas en innumerables y sangrientos conflictos.

Lo anterior podría inferirse a partir del análisis de los hallazgos científicos que sugieren que los instintos de agresividad y territorialidad –derivados de uno más básico, el miedo– no han sido sino estrategias elementales de sobrevivencia impresas en los propios genes y empleadas por nuestros ancestros para subsistir en un entorno sumamente demandante. Sin embargo, analizando en nuestros días el papel de dichos instintos en las actividades humanas, no se puede soslayar las resultantes derivadas de su combinación con la actividad de la corteza, el componente cerebral más reciente y sofisticado, que ha jugado un rol fundamental en la génesis de los memes que en el devenir humano, han venido conformando la cultura de cada tribu o conglomerado social –entendiendo por cultura, la conjunción de credos, tradiciones y códigos conductuales adoptados por cada sociedad.

Enfocando lo anterior al análisis del miedo instintivo –a la pérdida de estatus económico, poder, fama, etc.–  que a su vez genera  ambición exacerbada de dinero/poder, conjuntamente con una no menos extrema agresividad que deviene en violencia incontrolada, podríamos decir que los instintos (miedo = territorialidad-agresividad) que en tiempos remotos sirvieron para la perpetuación de la especie, han llegado a ser con el paso del tiempo y la creciente sofisticación del cerebro humano, compulsiones causantes de conflictos sangrientos y devastadores entre los diferentes grupos sociales que han habitado y actualmente habitan la Tierra.

De todo lo anterior se puede inferir una muy estrecha relación entre nuestra estructura genética/neurobiológica y la conducta resultante de las proclividades intrínsecas en cada ser humano al interactuar con su medio ambiente, que, como arriba se menciona, han dado como resultado una amplia variedad de códigos de comportamiento, i.e. credos político-religiosos, expresiones artísticas, tradiciones, etc.

Con todo lo arriba mencionado, la intención de este breve ensayo es establecer clara y sucintamente  que nuestro temperamento, espiritualidad e intelectualidad –entendiendo por espíritu/intelecto, toda la gama de sentimientos, percepciones, memorias, sensaciones y reacciones generadas por nuestro cerebro–  están por una parte, influenciadas y determinadas por nuestra propia infraestructura genética/neurobiológica, y por la otra, por nuestras experiencias.

Lo anterior también vendría a evidenciar el estrechísimo y multidisciplinario vínculo que advertimos en la historia evolutiva,  entre ciencias como la física, la química, la biología, la genética, la neurobiología, la psiquiatría, la sociología, la economía política (nombradas en su orden aproximado de aparición en el entorno social).  Para ponerlo en términos más ilustrativos, partiré de la génesis de los seres vivos y su evolución hasta nuestros días:

a) Física-Química: estudio de la generación de las sustancias básicas que dieron origen a los precursores de los seres más primitivos, en virtud de la fusión en el núcleo de nuestro sol, del hidrógeno en helio, del helio en carbono, y así sucesivamente en elementos más pesados y complejos como el silicio, el oxígeno, el nitrógeno, amén de la restante multiplicidad de sustancias químicas que fueron surgiendo en ese candente horno estelar gracias a la constante acción de la sorprendente ecuación E=mc2.

b) Biología Evolutiva: estudio de la constante transformación de los seres primitivos en entidades cada vez más complejas: agrupamiento de moléculas para formar células –en cuyo núcleo quedó protegido el  ADN—y a partir del agrupamiento celular, la constitución de los tejidos, órganos y sistemas cada vez más sofisticados que conforman el organismo humano (y el de otros primates y mamíferos).

c) Genética- Neurología- Psiquiatría- Sociología – Economía Política – Geopolítica: estudio de la adquisición de una creciente sofisticación en la estructura del cerebro, en virtud del fundamental instinto de perpetuación codificado en nuestros genes, hasta llegar a las complejas sociedades humanas con la cada vez más compleja interacción entre sus  grupos étnicos y los distintos códigos de conducta social y política que han generado.

De manera que los que parecerían tópicos completamente ajenos entre sí, no lo son en absoluto sino que su indiscutible relación se establece después de analizar profundamente todos los factores que han jugado un papel preponderante en nuestra interacción con el medio ambiente y los demás seres vivos (i.e., reacciones o respuestas ante cualquier estímulo, ya sea físico, material o intelectual con el que nuestra mente y cuerpo entran en contacto).

Asimismo, siendo el cerebro el encargado de enviar las órdenes e instrucciones a los diferentes sistemas y órganos de nuestro cuerpo, su función se torna aún más compleja cuando se trata de registrar, interpretar o decodificar cualquier información endógena o exógena que ingresa en él a través de los sentidos, para posteriormente preparar una reacción o respuesta, es decir, lo que comúnmente conocemos como el temperamento de cada individuo.

Temperamento e información externa: formación del carácter y sistema de creencias.

Sabemos que el carácter de una persona suele definirse como la combinación de su temperamento (forma innata de reaccionar) y la información que recibe de su medio ambiente (familia, conocidos, maestros, etc). Empezaré aquí con la unidad social más básica: la familia y lo que ocurre dentro ella.  Con respecto a la interacción social, no sólo observamos una amplia diversidad de razas con sus propias idiosincrasias, credos y costumbres, sino que cada familia dentro de cada pueblo, registra diversas formas de pensar de sus miembros derivada de su muy particular procesamiento o asimilación de las experiencias que vive en el seno de su círculo familiar y entorno inmediato.  Es decir, la amplia gama de percepciones, interpretaciones, puntos de vista que se van formando en nuestra mente son el producto de nuestra muy subjetiva forma de interpretar lo que escuchamos, vemos y, por ende, aprendemos de nuestros padres, hermanos, maestros, amigos, conocidos, etc.

Religión y Política:  Tabúes que no deberían serlo

Con más frecuencia de la deseable, hemos escuchado que “de religión y política es mejor no hablar”, pues esto genera conflicto y una interrupción en el diálogo. Sin embargo, desde mi punto de vista, ambos son temas de absoluta importancia para todo ser humano, no sólo porque se refieren a nuestra muy personal forma de responder ante lo que día con día experimentamos en nuestro entorno, sino también porque tienen que ver con la explicación que nuestro cerebro encuentra para los fenómenos que nos rodean.

Antes de enfocarnos directamente a la intrínseca relación entre nuestras creencias y convicciones y nuestras características genéticas, es importante hacer notar que nuestras inclinaciones religiosas y políticas no sólo son atribuibles a lo que nos han enseñado desde nuestra infancia, sino muy probablemente también a una disposición muy particular de nuestra mente para adoptar o rechazar dichas enseñanzas (ideas o memes, que generan a su vez otros memes).

En términos generales, todos nosotros hemos recibido de nuestros padres, no sólo una mezcla de sus genes, sino el mismo tipo de información (conjunto de memes), que cada uno interpreta y procesa en forma diferente dependiendo no sólo de las muy específicas y personales características cerebrales, sino de una muy específica e individual combinación de las experiencias que vivimos mientras crecemos.

Menciono aquí, para efectos de ilustrar lo anterior, el caso de familias en las que las creencias y convicciones del padre son diametralmente opuestas a las de la madre (por ejemplo: no religiosas VS religiosas). En este tipo de familias en las que los hijos reciben discrepantes memes por parte de sus progenitores, se ha registrado casos de una franca diferencia en cuanto a la forma como cada uno de ellos reacciona: 1, 2 y tal vez 3 –dependiendo del número total de hijos–  se inclinan, en diferentes grados, hacia los memes de carácter eminentemente científico y no religioso, por ejemplo, “el universo se generó hace miles de millones de años, después del “gran estallido”, mientras que el resto prefiere adoptar las creencias religiosas o sobrenaturales (p.ej: “el cielo y la tierra fueron creados por Jehová en 7 días”.  En cuanto a un cambio dramático entre una marcada religiosidad y un marcado ateísmo, se puede también atribuir a vivencias traumáticas que sacudan la mente del individuo en forma tan contundente que favorezca una completa modificación de sus convicciones.

Todo esto hace suponer que no sólo la enseñanza que los padres imparten a sus hijos juega un papel fundamental en su forma de percibir y procesar la información que ingresa a su cerebro, sino que parecería ser que existe una predisposición genética, innata, hacia lo religioso y/o sobrenatural VS lo no religioso, en distintos niveles.  Es decir, el tipo de respuestas que cada quien busca para los fenómenos que presencia, varía: para los que tienen proclividad innata hacia lo sobrenatural, las respuestas que las distintas religiones y tradiciones proporcionan para dichos fenómenos, son satisfactorias, mientras que para los proclives a lo comprobable científicamente, las respuestas que no pueden sostenerse con argumentos científicos y demostrables, simplemente son insuficientes y, por ende, inaceptables.

En adición a lo anterior, me atrevo a sugerir que la reconfortante sensación que experimentamos al encontrar determinadas respuestas a los fenómenos para los cuales buscamos una explicación, sería equiparable al placer que sentimos al saciar el hambre [en este caso, de conocimiento] con un rico manjar [un libro], posiblemente como resultado de la liberación de ciertas sustancias químicas que generan dicha sensación de satisfacción placentera.

Por otra parte, el hecho de que una enorme mayoría de los habitantes de la Tierra, exhiban una inclinación hacia lo religioso, podría significar también que el hemisferio derecho del cerebro –al que los científicos han atribuido el manejo de lo simbólico, lo mágico, lo poético, lo artístico, lo espacial y visual– sigue jugando un papel preponderante en el procesamiento de la información percibida por la mayoría de los seres humanos, mientras que el rol del hemisferio izquierdo, encargado de buscar respuestas lógicas, tiene menor peso en cuando a la interpretación de los  diversos fenómenos e información que recibe el cerebro y las respuestas que estructura para explicarlos.

Con base en lo que han sugerido algunos psiquiatras, existe la posibilidad de que los cerebros impermeables a explicaciones sobrenaturales, sean producto de una de tantas mutaciones que han ocurrido en la evolución humana, de la misma forma que las diversas especies han sido producto de innumerables mutaciones a lo largo del desarrollo evolutivo de la vida en la Tierra.  También es posible que con el transcurrir del tiempo, tanto una revolución mémica, como lo derivado de la hipótesis de la mutación sugerida, cada vez un mayor número de gente exhibirá una estructura cerebral que sólo admita como explicación del entorno, respuestas que se fundamenten en hechos comprobables y que nada tengan que ver con lo sobrenatural y no demostrable.

Donde se unen la religión y la política y las consecuencias que este matrimonio ha generado en la historia de las sociedades humanas.

Dada la proclividad hacia lo religioso/sobrenatural que impera en una enorme mayoría de la población mundial y la consecuente consolidación de las diversas y poderosas instituciones eclesiásticas, la historia ha mostrado en repetidas ocasiones que la religión y la política son actividades estrechamente vinculadas entre sí –y hay quienes sostienen que son la misma cosa.  Aún antes de la fundación del Vaticano por el emperador Teodosio en el siglo IV, como entidad de poder político e incluso, militar, ya se había generado este “matrimonio” en diversas sociedades, en virtud del cual las  capas gobernantes de reinados o imperios recibieron el fundamental respaldo y/o patrocinio de los poderes eclesiásticos. Para dicha consolidación de la iglesia como jerarquía de dominio político-social, las distintas religiones han tenido que contrarrestar y combatir por todos los medios posibles –que han incluido la tortura y asesinato de miles de seres humanos—cualesquiera ideas o hallazgos científicos contrarios al credo que imparten y sostienen.

Hay que decir, por otra parte, que la evidente coalición [¿complicidad?] entre jerarquías políticas y religiosas no se ha circunscrito solo al cristianismo –y todas las vertientes que lo integran—sino a otras religiones masivas como el islamismo, el judaísmo y el budismo.  Hurgando en el devenir histórico, incluso se puede advertir un sincretismo entre las tradiciones religiosas, por ejemplo, de los judíos, los musulmanes y los cristianos, en virtud de las constantes invasiones y conquistas de unos y otros.

Podemos citar innumerables casos en los que la alta jerarquía eclesiástica ha jugado un papel histórico preponderante en la disolución de regímenes –ya sea monárquicos, dictatoriales o republicanos.  Sin embargo, me concentraré en uno de los más emblemáticos y recientes:  la destrucción de la antigua Yugoslavia, en la que Alemania, Estados Unidos y el Vaticano combinaron fuerzas para disolver esta antigua república federada en pequeños paisitos debilitados y sin posibilidades de mantener una infraestructura que asegure el bienestar de sus diversas poblaciones sin la intervención de consorcios extranjeros que han salido enormemente beneficiados en sus intereses financieros. No abundaré más en los sórdidos detalles de la connivencia de los intereses más cuestionables que originaron la destrucción de la antigua Yugoslavia y la muerte [¿asesinato?] de su presidente, Slobodan Milosevic, los cuales pueden ustedes encontrar en el libro mencionado al inicio de este ensayo.

No obstante lo anterior, debo también referirme a las pocas instancias en las que pastores o sacerdotes con mentalidad más progresista y genuinamente inspirados por lo más rescatable del cristianismo (solidaridad con otros seres humanos, modestia, ausencia de codicia, apertura de mente hacia los hallazgos científicos y el conocimiento, etc.) se han transformado en los exponentes de la Teología de la Liberación en Brasil, El Salvador, Argentina, México, entre otros países.  Y en estos casos igualmente, la estrecha relación de la religión con la política es incuestionable.

¿En qué se ha fundamentado el éxito de las instituciones religiosas a lo largo de la historia?

Aparte de la intrínseca proclividad de la mayoría de los seres humanos para atribuir a los elementos, planetas y fenómenos terrenales, imágenes y cualidades claramente humanas –y en muchos casos de religiones politeístas, animales– como se ha constatado en el estudio de las diferentes religiones en los distintos pueblos del mundo (babilonios, griegos, romanos, hindúes, chinos, mexicas, egipcios, judíos, indios norteamericanos, etc.),  nuestra especie (igual que muchas otras) posee dos instintos de fundamental importancia para su perpetuación, el miedo y el placer, que han sido manejados hábilmente por las distintas jerarquías eclesiásticas/políticas mediante amenazas dogmáticas como “la condena eterna en el infierno” o promesas igualmente ilusorias y dogmáticas como “el gozo de una vida eterna en el paraíso”.

No se puede ignorar las resultantes de tal control psicológico, es decir,  la obstrucción o eliminación de la facultad de razonar y cuestionar que las jerarquías político-religiosas han fomentado en enormes sectores de la población mundial, con lógicas y devastadoras consecuencias como la desigualdad, el racismo, los dogmatismos, fanatismos y sus no menos terribles corolarios: guerra, hambre, muerte, insoportable sufrimiento.

Probablemente muchos de nosotros pensemos que es desesperantemente prolongado el tiempo que ha transcurrido sin que hayamos dejado atrás el salvajismo que nos caracteriza. Sin embargo, no podemos olvidar que nuestra especie es muy joven y que el surgimiento de la vida se remonta  miles de millones de años en el pasado, por lo que los 500,000 años de prehistoria e historia humanas significan una pequeñísima fracción de los aproximadamente 15 mil millones de años transcurridos a partir del “big bang” (“gran estallido”) que dio surgimiento al Universo en medio del cual se formó nuestro pequeño pero maravilloso planeta.

¿Por qué millones de gente creen en una deidad judía en lugar de una deidad maya, azteca o inca?

La respuesta que se nos antoja obvia y lógica es la ventaja que los europeos, al momento de conquistar las civilizaciones americanas, tenían sobre las diversas culturas indígenas del Nuevo Mundo, como la azteca, la maya y la inca, además de las incipientes tribus de Norteamérica.  Dicha ventaja en tecnologías de guerra se explica muy bien en el análisis de los varios factores que jugaron un papel preponderante en el temprano surgimiento de civilizaciones como los sumerios, babilonios y asirios que habitaron el suroeste asiático, en la región ahora constituida en países como Irak, Jordania, Líbano e Israel, principalmente.  Las características topográficas, climáticas y geográficas fueron determinantes en la aparición de las primeras técnicas agrícolas, domesticación de animales y producción de alimentos que a su vez, favorecieron el desarrollo de poblaciones sedentarias con capacidad de sostener estructuras gobernantes, ejércitos, escribas y expertos en la manufactura de armas cada vez más eficientes.  En adición a lo anterior, no olvidemos que en las sangrientas guerras de conquista, los gérmenes que los europeos adquirieron de su cercana convivencia con sus animales domésticos, como la viruela, el sarampión, la tos ferina, la tuberculosis, entre otras, causaron la muerte de cientos de guerreros, aumentando aún más la desventaja de las poblaciones americanas en su defensa contra los conquistadores europeos.

Si la historia hubiese ocurrido de forma distinta, es decir, que las características geográficas que dieron a los pueblos del suroeste asiático (La creciente fértil) y de Europa, las ventajas suficientes para dominar a las culturas del Nuevo Mundo, hubieran existido en el continente americano donde habitaban los incas, aztecas, mayas o las incipientes culturas de Norteamérica, con toda seguridad en España, Inglaterra, Francia y las otras naciones europeas, estarían con toda seguridad, rindiendo culto a los dioses y diosas aztecas, mayas o incas.

Democracia VS Teocracia/Autocracia:  Ciencia VS Religión – Educación laica y científica VS educación religiosa.

Primero que nada, es pertinente mencionar la visible interacción que se advierte en el diseño de los programas educativos y los intereses de las jerarquías político/religiosas.  En lo que se refiere a las autoridades eclesiásticas, que a todas voces proclaman su espiritualidad y su apego a las enseñanzas de Jesucristo, Buda, Jehová, o Alá,  en la vida real, siguen adoleciendo de los mismos instintos y pasiones que todos los demás mortales simplemente porque son seres humanos, con todo lo que esto implica. Sólo hay que recordar la historia de los distintos papas que han surgido de familias tan  célebres como los Borgia y los Medici, cuyas acciones muy poco tenían de espiritual y mucho de terrenal:  participación en guerras de conquista, atesoramiento de sustanciales cantidades de dinero y otras posesiones, intervención directa en los actos de poder de los monarcas, emperadores, crímenes de estado, etc.

Una de las principales herramientas de dominio de la permanente coalición político-religiosa en los diversos países del mundo, ha sido la estructuración de un claramente deficiente método educativo mediante el cual se enseña a los alumnos a recibir pasivamente todo tipo de información pero sin la tarea [obligada] de analizarla con una mentalidad abierta, curiosa y razonablemente escéptica.

Por otra parte, la realidad refleja la mínima ingerencia que los ciudadanos tienen en el quehacer político en la gran mayoría de las naciones del mundo, que en algunos casos es  absolutamente nula.   El estudio de la participación activa de la ciudadanía en los asuntos que directamente la afectan, ha demostrado que la consecuencia de esa deficiencia en la educación recibida desde la primaria, ha sido precisamente, una evidente credulidad en todo lo que se les informa ya sea desde el púlpito, la silla presidencial, las cámaras de “representación popular” y las demás instancias gubernativas y de poder, que han hecho un uso muy eficiente de los medios masivos de [des]información, la mayoría de los cuales controlan, para manipular a la población.

¿Qué posibilidades existen de una verdadera civilización de las sociedades humanas?

Sin ánimo pesimista, me atrevería a sugerir que para que alcancemos el grado de civilización que implique dejar atrás la violencia y la codicia exacerbadas, con base en lo que la historia nos ha mostrado, es decir, que a pesar de las evidencias no sólo de las mentiras llamadas “dogmas de fe”, sino de indecibles actos de crueldad y corrupción perpetrados por el poder político/religioso en cada uno de los países del mundo,  la gran mayoría de la gente está dispuesta a seguir creyendo casi ciegamente en lo mágico y lo dogmático, sin prestar atención a la realidad objetiva, a la evidencia científica, a lo comprobable.

Como se sugiere en párrafos anteriores, existen varios enfoques que intentarían explicar esta marcada proclividad por lo sobrenatural y religioso, como una probable predisposición genética, analizándola conjuntamente con la historia misma de nuestra tierra y los seres que en ella han habitado, específicamente la especie humana.

Tal como lo han demostrado los diversos hallazgos científicos, nuestros ancestros tuvieron que enfrentar innumerables agresiones del medio ambiente traducidas en cambios bruscos de temperatura, impactos de meteoritos, erupciones volcánicas, terremotos, huracanes, sequías, feroces depredadores, amén de otros más benignos como la cálida luz de nuestra estrella, las lluvias moderadas, la bondad de la tierra al dar sus frutos para el sustento diario, etc.  Para todos estos acontecimientos, nuestros antepasados se vieron forzados a encontrar una explicación.  Es decir, uno de los componentes básicos de la tarea de sobrevivir, es saber el por qué ocurre todo lo que nos afecta, lo cual hace posible nuestra perpetuación como grupo social y en general, como especie.  Sin embargo, en los albores de las distintas sociedades, ninguno de los conocimientos que la ciencia nos ha brindado existían, por lo que el propio instinto de conservación tuvo que haber impulsado a nuestros ancestros a atribuir un carácter divino a los astros, fenómenos meteorológicos, cataclismos, lluvias, etc., identificándolos en algunos casos como figuras humanas (griegos, romanos, judíos, cristianos, musulmanes), mientras que en otros, como los egipcios, mayas, aztecas, etc., a los animales se les reconoció cualidades superiores a las humanas. Adicionalmente, algunos expertos han concluido que la decisión de una persona de aceptar, por ejemplo, conceptos como “la voluntad divina” o “las posesiones demoníacas”, los libera de la responsabilidad sobre sus propias acciones y conductas violentas o criminales.

La fe en lo mágico, lo sobrenatural y misterioso (como el tarot, la quiromancia, la lectura del café, de las entrañas de animales, etc.),  conjuntamente con las “apariciones” de seres míticos, vírgenes, santos, etc., han predominado en el bosque mental de un enorme número de seres humanos, en el que los memes más reconfortantes para la gente han derrotado a los memes que no brindan el confort o seguridad de una vida eterna y llena de felicidad.  Por ejemplo, lo que muchas religiones sostienen como dogma: “después de la muerte, nos espera un paraíso donde no hay sufrimiento” es para millones de gente mucho más deseable que el meme “no hay vida más allá de la muerte”.  No es difícil imaginar el por qué, dado nuestro fuerte instinto de conservación y, por ende, nuestro miedo a la muerte, la mayoría prefiere creer aunque no pueda comprobar lo que cree.

Hay mucho que abundar sobre todos los aspectos que han definido la historia de la evolución humana en su interacción con el medio ambiente. Por ahora, me detengo aquí porque, como ofrecí en el inicio de este texto, se trata sólo de un breve ensayo cuya principal motivación es la de generar debate y, sobre todo, establecer vínculos de comunicación con el mayor número de ciudadanos.  En otras palabras, constituye un modesto esfuerzo para contribuir a la tarea de una reestructuración del tejido social que sirva como factor decisivo en la consecución de una auténtica democracia en la que finalmente, todos los distintos sectores sociales tengan una participación activa en la determinación de su destino.

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